Mickey 17: Entre el fracaso, la industria y la ciencia ficción
POR MAYTE DUARTE
No es novedad afirmar que las obras de ciencia ficción producen narrativas y conocimientos que devienen de fragmentos de nuestros tiempos, a través de mundos catárticos que se caracterizan por tener la capacidad de la especulación: ¿Qué pasaría sí? En consecuencia, este imaginativo de las narrativas, a partir de la posibilidad de responder a dicha pregunta, se vuelve un elemento para la construcción de la realidad que va del límite a lo posible, por supuesto, sin olvidar a donde siguen anclados: nuestra realidad. A través de estas historias surgen preguntas que envuelven la condición humana y nuestro papel en estos mundos, donde se crean personajes que tienen que tomar decisiones en el marco de sociedades democráticas o autoritarias, y conducen a encontrar un lugar tanto en el mercado como en el sistema político.
En estas circunstancias, las películas no son un producto aislado de sus creadores – incluyendo a los estudios – impactando ferozmente en las entrañas de las películas. Su composición, sus discursos y sus personajes se moldean a intereses económicos, que, en muchos casos, estos mecanismos industriales de producción nos hablan más de los tiempos que vivimos que la obra misma.
En este sentido, la película más reciente del director surcoreano Bong Joon Ho, Mickey 17, se ha catalogado como el gran fracaso por haber enfrentado grandes pérdidas para el estudio Warner Bros, comparado con el presupuesto que se dio para su realización, además de haber pasado por reshoots y atrasos en su estreno. Este resultado parece desfavorable para la industria actual del cine, la cual no apuesta por historias que se salgan de la norma, los guiones responden a algoritmos y recuperar más de lo invertido en poco tiempo es fundamental. Ante esto, el director galardonado con el Oscar, Bong Joon Ho, navega por estos estándares y en medio de todo el caos, y ahí se encuentra Mickey 17.
Mickey 17 transcurre en nuestra realidad, pero en el año de 2054 donde sí, la tecnología ha avanzado, pero las lógicas mercantiles capitalistas se mantienen, por lo tanto, los cuerpos humanos son mercancías canjeables y útiles para producir riqueza a través de la tortura. Ante estas lógicas, el personaje principal Mickey Barnes (Robert Pattinson) se vuelve un "prescindible" con el único objetivo de salir del planeta para salvarse de pagar una deuda a unos mafiosos que aman descuartizar a quien les falle. Sin embargo, su papel como proletariado pasa a nivel espacial para ser parte de las herramientas de colonización de una nave y posteriormente del nuevo planeta con el comandante de misión: Kenneth Marshall (Mark Ruffalo) quien en realidad es un político fracasado. En este punto es donde sale la pregunta ¿Qué pasaría sí… Mickey deja de ser visto como un ser humano, para volverse un ser funcional remplazable que debe aceptar todo tipo de torturas, violencias y experimentos para “un bien común”, con la condición de poder clonar su cuerpo tantas veces quieran para regresarlo al mismo circulo de tortura. Con esta premisa parte la cinta.
La filmografía del cineasta Bong Joon-Ho se ha caracterizado por sus intenciones claras a la hora de criticar a la sociedad contemporánea y sus dinámicas políticas y económicas que crean clases, violencias y segregaciones. Al llegar al mundo helado de Nifilheim, Kenneth Marshall ordena exterminar a los habitantes nativos, quienes son representados lejos de una forma “humana” y son más como cochinillas gigantes y pequeñas con una forma de organización y lenguaje propio, para imponer su nueva y pura civilización. La crítica al neofascismo en el filme de Bong Joon-Ho es evidente, “la adhesión de las masas a un proyecto contra las masas”.
Bong no deja de lado su humor satírico y caricaturesco en las situaciones absurdas a las que se enfrenta su personaje principal con otros tripulantes, el propio sistema en el que vivimos y sobre todo sus dirigentes son prueba viviente de esto. La sátira al trumpismo es clave en esta película para la creación del personaje de Mark Ruffalo, quien a pesar de ser un inútil controla la económica, política y dinámicas sociales dentro de la tripulación y por ende suena buena idea hacerle caso. Incluso está presente esa desconexión de las personas ricas que buscan destacadamente las experiencias culinarias en la tortura del otro, a través del personaje de Ylfa (Toni Collette) la esposa de Kenneth.
Pese a estos interesantes temas, el director surcoreano parece que se ve rebasado por sus propias ideas al añadirlas a una narrativa que se acerca más a un cliché comercial industrial. Desde el inicio de la cinta está presente una sobre explicación de los hechos con una voz en off de la protagonista casi sacada de los chistes de internet que dicen: ¿te preguntarás cómo llegué aquí? Para después narrar toda su travesía que lo llevó a ese hoyo de nieve, al igual que sus sentimientos y las crueldades absurdas de la violencia, indicando al espectador que sentir o qué pensar de lo que ya está viendo. También a lo largo de la cinta existe una poca exploración de los personajes secundarios, puesto que la propia historia de la película los utiliza más como mecanismos para la narrativa que como partícipes de significado.
Anudado a esto la explotación de las temáticas terminan por confundir las intenciones del filme mismo, incluso del tema principal de la cinta. Actualmente están muy presentes las preguntas sobre cómo representar los cuerpos atravesados por la violencia en las obras audiovisuales, y las lecturas que esta representación conlleva. Claro, cada medio tiene un contexto. En el caso de Mickey 17 el tema de la crueldad y la violencia a los cuerpos deja entrever las propias limitaciones del director en los temas de la película, no solamente a través del personaje de Mickey, sino también hacía los propios habitantes nativos.



Considero que, más que un retrato de Trump como el líder de la nave, este puede ser uno generalizado, pues este personaje se esfuerza más en ser una celebridad que un político o gobernante. Esto mismo lo podemos ver en la serie The Boys, donde los superhéroes pasan todo su tiempo haciendo cosas de celebridades en lugar de salvar personas o resolver conflictos que requieran sus súper habilidades. Lo mismo ocurre en la política actual; tan solo tenemos que ver a candidatos o figuras políticas como Sandra Cuevas con su espectáculo al presentar su partido político, Salinas Pliego con el festejo de su cumpleaños, Donald Trump con un funeral hecho espectáculo o incluso Sergio Mayer en La Casa de los Famosos. Nos gobiernan celebridades, no políticos ni intelectuales. Muy lógico viviendo en una sociedad del espectáculo.
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